sábado, 12 de junio de 2010

Comenzó a peinar el pelo negro cuidadosamente, haciéndolo lo mejor que podía. Colocando cada mechón en su sitio. Fulminó el cabello con bote y medio de laca, todo en su sitio, todo perfecto. Cogió aire y se colocó la peluca sobre su cabeza desnuda, colocándosela en su sitio, ideal. Se miró al espejo y se mordió el labio. Parecía natural, su propio pelo. Se colocó bien las puntas y comenzó a maquillarse lentamente, queriendo que el tiempo se escurriese entre sus dedos, anhelando que se le fuera el autobus o que su madre se pusiera enferma. Acabó de taparse las ojeras y suavizar su blanca piel con corrector. Se colocó la ropa y comenzó a caminar lentamente hasta la salida, cogiendo la mochila de camino a la puerta. Cogió aire un par de veces antes de abrirla y divisar como de costumbre la melena rubia de Natalia. Esbozó su mejor sonrisa y caminó junto a ella. Comenzó la típica conversación con un hola seguido de un qué tal que fue respondido con un bien para dar paso a un Natalia me estoy mareando y acabó con una Verónica tirada en el suelo.

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