domingo, 30 de mayo de 2010
Se miró frente al espejo e intentó sonreír pero no pudo. La piel estaba lívida y en algunas partes de su dulce rostro, amarillenta. Sus ojos zarcos miraron al infinito perdiéndose en su propio reflejo. Sintió que se llenaban de lágrimas cristalinas y parpadeó para retenerlas. No quería llorar. No podía llorar. Tenía que parecer fuerte, que seguir sonriendo como si nada fuera a cambiar y todo siguiese igual. Se mordió el labio y distinguió en el reflejo del espejo una silueta familiar difuminada por las lágrimas. Enfocó la vista en el fondo del lavabo de mármol blanco y se echó a llorar. Millones de convulsiones recorrían su cuerpo estremeciéndola de una amargura con la misma rapidez con la que sus lágrimas brotaban de sus ojos. Tenía la garganta cerrada y un regusto a sal le llenó el paladar. De pronto, notó que unos brazos cálidos le rodeaban el cuerpo y se sintió mejor pero no dejó de llorar. Necesitaba llorar. Las lágrimas le limpiaban a hostias la pena del corazón. Enterró su cabeza entre sus brazos y chilló de impotencia entre lamentos. De fondo, el espejo devolvía la imagen de una pareja abrazada, él acariciaba su cabeza desnuda y ella lloraba... Él le susurraba palabras de aliento y cariño y ella sólo repetía incesantemente el mismo vocablo: cáncer.
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Oyoyoyoyoyoyoy... cómo puedes llegar con unas pocas palabras tan pa' entro ;____; jo, tía, sigo adorando cómo escribes.
ResponderEliminarMe voy a llorar a un rincón T____T es que joder, encima es tan real... púf.
♥