miércoles, 26 de mayo de 2010

Sus cabellos revoloteaban danzarines a su alrededor, golpeándoles con fuerza las mejillas. Las ventanas se hallaban empapadas de vaho, que empañando los cristales impedían ver el exterior. Mas aún así se percibía la lluvia golpeando con fuerza el suelo. Diminutas gotas de agua resbalaban contra los cristales como lágrimas suicidas arrojándose al vacío. Las paredes estaban deslucidas y frías empero sus cuerpos estaban vivos y calientes. Las respiraciones iban desacompasadas y se entrecortaban con incesantes jadeos salvajes entremezclados con suaves palabras de cariño. Sus cuerpos se enlazaban en un eterno baile. Y, a fuera, la lluvia se follaba a los árboles.

1 comentario:

  1. Señorita, señorita, señorita. Es... uh, todo tan fino, todo tan chachi, tan meticuloso, tan metafórico... y ZAS, va la lluvia y se folla a los árboles. Adoro esa manía tuya (que a fin de cuentas es la que identifica tu estilo) de hacer que de repente, en seis palabras, toda la historia pase de algo delicado a algo salvaje...

    ResponderEliminar